¿Por qué recogemos el guante… de la reputación?

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Sábado, comida de amigos en un mesón del monte… niños revoloteando alrededor de la mesa, carnes a la brasa, bebidas varias, sol de abril que aún no calienta, risas, novedades… entorno más que alejado de nuestro ambiente laboral. Ninguno trabajamos en la misma empresa, de hecho ni siquiera en el mismo sector, pero todos tenemos entre nuestras múltiples facetas, la de usuario, y no es difícil que unos “usemos” los productos o servicios de la empresa del otro. Y así surgió una situación que casi todos hemos vivido, una queja de unos hacia algo ocurrido en la empresa del otro y que nos afecta como usuarios.

El ambiente era más que propicio para esquivar la queja. Era fácil que se hubiera quedado difuminada en el aire, que en el cruce de todas las conversaciones que al tiempo flotaban sobre la misma mesa, el “acusado” no se diera por aludido, o que cortara de raíz ese hilo antes de que se convirtiera en una verdadera conversación. Y sin embargo aquel amigo, no quiso ignorar su faceta de miembro de una empresa que estaba siendo foco de crítica y, a pesar de estar lejos de ella, recogió el guante al momento.

¿Qué le llevó a comenzar un ceremonial incómodo? ¿Qué le llevó a aceptar la provocación?

Se sintió responsable de la reputación de su empresa, o al menos quiso participar, quiso contribuir positivamente a ella ¿por qué?

Una empresa compuesta por miembros que están dispuestos a hablar de ella, a dar argumentos sólidos cuando se pone en duda alguna de sus actuaciones, dispone de un verdadero activo, de una ventaja comparativa muy importante. El punto de vista de los empleados dispone de un grado de credibilidad mucho mayor que las fuentes informativas corporativas. Si los mismos argumentos que mi amigo esgrimía para explicar lo acertado de la decisión de su empresa, los hubiéramos escuchado en un anuncio, por ejemplo, el efecto en nosotros hubiera sido mucho menor, sin duda.

Por eso os lanzo esta pregunta, ¿qué creéis que le movió a este amigo a recoger el guante lanzado? ¿Por qué nos “molestamos” en defender la empresa donde trabajamos aunque no sea nuestra? O si ese no es el caso ¿qué nos provoca que no defendamos  a nuestra empresa y dejemos pasar la oportunidad?

Pilar Vera

pilar.vera@alcor.es

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