¿Existe la magia en las organizaciones?

Una de las cosas que siempre me llama la atención en las empresas son las personas – geniales en la mayoria de las veces – que luchan y se esfuerzan por, no solo alcanzar objetivos económicos sino también porque las cosas sean de una determinada manera y no de otra.

Cuando escuchas a un directivo hablar abiertamente de ética, valores, comportamientos directivos para cuestionarse si lo está haciendo realmente bien o preguntar cómo lo podría hacer mejor, te das cuenta de que realmente la magia existe. Para  personas como yo que vivimos nuestro trabajo con “otras personas” con mucha intensidad, pasión y disfrutando de ello cada minuto porque creemos en lo que hacemos, estas conversaciones son la confirmación de que vale la pena dedicarte al trabajo que has elegido.

Hablamos muchas veces de liderazgo, de comportamientos directivos, de cultura corporativa, de responsabilidad social corporativa… y a veces, en estas “grandes palabras” se nos olvida que hay personas, individuos únicos, con una forma de ser que condiciona todo lo que tienen a su alrededor. Lo importante de verdad de esas palabras a nivel corporativo es el ADN de las personas, que configura el ADN de la empresa, desarrollando el lado humano del negocio,  con sus valores, sentimientos, compromisos y toda la “carga personal” que implica ser un persona que trabaja en una empresa.

Y que esto ocurra es magia. Lo que ocurre es que para ver la magia, lo primero es creer que existe de verdad- sino, siempre creeremos que lo que vemos son  solamente trucos.

Ayer aprendi una lección comiendo con una amiga: los grandes cambios, los grandes avances en cultura corporativa vienen de la mano de las personas. Ocurren porque alguien se empeña en cambiar las cosas, en pensar en qué puede hacer mejor con sus equipos, en no ceder ante las adversidades de culturas corporativas que aplastan, que a veces parecen insalvables (o te integras o te auto explusas casi sin poder variar nada). El coraje de las personas (y podemos llamarlos si queremos  líderes,  jefes de equipo, o lo que sea) es lo que de verdad moviliza las estructuras.

 Como diria Pablo, es el verbo querer, solo eso,  es alguien que quiere.

La labor olvidada de las empresas es capitalizar esa energia movilizadora interna (que siempre está), posibilitanto que el querer se convierta en poder. A veces es tan sencillo como charlar delante de un café como hice yo ayer para encender una chispa (que desde luego  ya estaba) y recargar las pilas de alguien que estoy convencida que será capaz, no sólo de influir en sus equipos sino de cambiar las cosas en su empresa- porque tiene madera de auténtico lider. NOsotros a estas personas les  llamamos lideres “transformadores” (aunque ella aún no lo sepa). Es una nueva generacion de lideres responsables,  personas comprometidas con la empresa pero sobre todo con sus valores, con su ADN, que no solo le importa conseguir sus objetivos de negocio, sino que tambien se preocupa de la manera que tiene de llegar a ellos. Ojalá hubiera más “ellas” en las empresas en las que trabajamos,  pero mi pregunta es  ¿que hacemos desde las empresas realmente? ¿Fomentamos estas situaciones?¿dedicamos tiempo a nuestras personas para que desplieguen la magia de influir en los demás?

Mi opinion es que las empresas ya no creen en la magia. Se les ha olvidado a los jefes de jefes” que las empresas no son más que personas unidas a recursos de otra indole, pero sobre todo personas: el gran activo intangible, motor real de las empresas. y, sobre todo, se han olvidado de que para que esta magia se despliegue en las empresas es imprescindible crear “espacios de diálogo”(programas de mentoring, coachig, sesiones de pensamiento creativo, jornadas de puertas abiertas…) donde, alrededor de un café se diseñen estrategias reales de motivacion de equipos,gestion del cambio cultural, definición de recursos necesarios para abordarlo, desarrollo, apoyo y refuerzo del liderazgo.

No es tan dificil, solamente tenemos que decidir “poner el café a calentar”… y el resto vendrá solo… es cuestion de tiempo y paciencia. Pero el resultado vale la pena, siempre vale la pena.

Paula Alvarez

Alcor Consultores

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